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Moda rápida

¿Es posible que las empresas dedicadas a la moda barata sigan creciendo?

Tiempo de lectura 2 min

 

 
En el año 2013, la fábrica de ropa Rana Plaza colapsó matando a más de 1000 empleados. Esta tragedia ocurrió en Bangladesh, siendo el segundo país mayor exportador de ropa, fue el centro de atención de los consumidores de ropa en todo el mundo.
En el reporte, se señala que la construcción del edificio no estaba adaptada para convertirse en una fábrica, violando todos los protocolos de seguridad, la culpa recayó al dueño de la propiedad y a las empresas textiles contratistas. Este país cuenta con más de 5000 empresas textiles, convirtiéndolas en los principales proveedores para marcas reconocidas mundialmente.
Se publicó una lista con los nombres de las marcas involucradas a este desastre, las cuales se encontraba Primark, Bennetton, Walmart, JC penny, el Corte Inglés, Gucci, Mango, entre otras, que asumieron su responsabilidad y prometieron mejorar las condiciones y prácticas laborales y éticas. Sin embargo, hasta el día de hoy, la situación sigue igual que hace 7 años atrás.
El éxito de las grandes marcas radica en los costos bajos de los insumos, mano de obra y transporte al contratar empresas textiles en países subdesarrollados. Estos costos lo asume en su totalidad los proveedores (empresas contratistas), que controlan la cadena de suministro desde la producción hasta la logística. Una vez que el consumidor final haya recibido su pedido, la empresa textil podrá cobrar lo acordado en el contrato.
Las marcas que venden sus colecciones a precios bajos tienen poco margen de ganancia por lo que deben vender altos volúmenes para que el negocio sea rentable. Esto conlleva a que la cadena de suministro reduzcan costos de cualquier manera, incluso arriesgando la vida de sus trabajadores.
Por otro lado, la calidad de las prendas son de muy baja calidad y su diseño pasa de moda en cuestión de semanas. Esto significa que la rotación de inventario debe ser altísima para poder sacar varias colecciones al año. El segmento que estas compañías apuntan es el público adolescente, debido a la facilidad para llegar y persuadir por medios digitales. Gracias a esto, forever21 se volvió el retailer más grande del mundo hasta el año pasado que se declaró en bancarrota.
Uno de los motivos fue la competencia feroz con H&M y Zara que siguieron el mismo modelo de forever21 al captar nuevos consumidores gastando una fortuna en publicidad. En consecuencia, estas compañías presionaron a los contratistas rebajar sus costos para incrementar su margen de utilidad y permanecer en el mercado. Sin embargo, forever21 demoró en sacar nuevas colecciones y su número de ventas decayó notablemente hasta que finalmente cerraron sus tiendas en Asia y Europa.
No cabe duda que la industria de la moda rápida ha crecido vertiginosamente en los últimos años, sin embargo, su crecimiento no durará mucho más, puesto que, el público de la generación Z tiene un mayor nivel de concientización e información acerca de las marcas que se manejan prácticas poco éticas causando gradualmente el rechazo de los jóvenes hacia la compañías. Al no continuar vendiendo el mismo volumen que años anteriores, su sostenibilidad entrará en juego y tendrán que remplantearse su modelo de negocio.

 

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